Y que ninguna me viniste a buscar.
Siento que te busco cuando huyes
y que me alejo cuando me quieres encontrar.
Creo que con cada fugacinométrico segundo que esquivamos
te llevas algo importante de esto que nunca fue
ni pudo (o quiso) llegar a ser.
Tenía besos etéreos que regalarte, y caricias más bien volátiles sin mucho de concreto.
(Algo parecido al pegajoso mundo que me ofrecías sin dirección determinada).
Recuerdo haber quedado, en ocasiones, pegada de cara en tus manos.
Recuerdo haber quedado, en ocasiones, un poco (en verdad mucho) muy prendida en tu mirada.
La gracia no salta a la vista, ni saltaba entonces.
Pero hay algo,
siempre hubo algo en el aire dando vueltas junto y por encima de nosotros,
una melodía dulzona que nos adormecía y que, sin embargo, nos negamos a escuchar.
Nos negamos a interceptar su vuelo.
Tres malezas disonantes se aferraron antes a ella.
Tres malezas con disfraces de flores coloridas, alegres, estimulantes que hicieron desviar tu mirada de la mía,
y me enseñaron a cerrar los ojos antes de hundirme en tu lejanía.
Y a vivir de pantallas.
Y a vivir de excusas.
Y a vivir de silencios, y de omisiones y de mentiras.
Abrimos entrambos y junto a las tres malezas un universo vacío en el que no logré encajar. Temí arrepentirme de ser un dígito donde no debe haberlos,
pero no cai en la cuenta de que podía arrepentirme ahora de no intentar siquiera serlo.
intentar haber sido las 11:50.
Quizás las 1:25, o las 18:34...
Y... ¿por qué no las 25:63?
Te veo y me veo caminar despacio.
Te veo dando rodeos.
Me veo evitando los tuyos.
Piso en falso en el último esquive y en blanco, completamente callada de silencios ya agotadores te pregunto la hora (mi hora).
Miraste el reloj pero no lograste ver lo que no esperabas ver aún.
- No tiene pila-. me dijiste.
-Aunque sea es un avance.- pensé y me alejé dándote espacio de encontrar una pila adecuada para buscar mi hora.
Tarde tomé el riesgo de no llegar a serlo, pero lo soy.
Enredado en tus improvisados pasos aparentemente seguros soy un dígito,
un dígito estancado en tu decisión de hacerte andar.



